Explicar NO es justificar

Las redes sociales han producido una auténtica revolución en la forma en que nos comunicamos y, a la vista de acontecimientos como la Primavera Árabe, poca gente pondrá en duda sus grandes beneficios (aunque también tengan muchos inconvenientes). Sin embargo, también han puesto sobre la mesa los extremos que alcanza la estupidez humana. «RT is not endorsement» es algo que podemos leer en las biografías de muchos usuarios de Twitter, y se refiere a que retuitear un mensaje, es decir, compartirlo, no significa estar de acuerdo con él. Lo estúpido en este caso no es la persona que pone eso en su biografía, al contrario, lo estúpido es tener que advertirlo. Y es que cada día presenciamos acaloradas discusiones por estas redes que suelen tener como protagonistas o promotores a personas tan simples que consideran que difundir una información supone estar necesariamente de acuerdo con ella.

Normalmente quienes tienen que advertir ese «RT is not endorsement» son periodistas, cuyo trabajo es precisamente el de informar y difundir, y se sirven de esta fórmula para defenderse de lo que Pérez-Reverte calificaría de «ignorantes hijos de puta». Pero esto no es algo nuevo, es algo a lo que día a día nos enfrentamos los historiadores desde hace mucho tiempo. Y junto a nosotros también politólogos, sociólogos y antropólogos.
La simpleza humana ha hecho que en ocasiones se entienda que explicar un determinado hecho o proceso sea sinónimo de justificarlo. Por ejemplo, cuando un profesional de las ciencias sociales explica las causas del surgimiento de un grupo terrorista o de una ideología, a menudo suele ser señalado por «justificarlo». Es decir, hemos alcanzado un punto de necedad por el cual explicar el ascenso del nazismo te convierte en nazi, y explicar el surgimiento de ETA te convierte en etarra.
Esto a menudo se da por las implicaciones morales y sentimentales sobre el hecho o proceso en sí, por lo que suele ir desapareciendo conforme nos distanciamos en el tiempo del objeto en cuestión. Por ejemplo, explicar la Revolución francesa no te convierte en revolucionario, o explicar el surgimiento del cristianismo no te convierte en cristiano. Sin embargo, pídele a un historiador que explique hoy por qué existe el régimen de Assad en Siria o el de Corea del Norte, y veamos lo que pasa. O pídele a un politólogo que explique cómo ha sido posible el ascenso de Trump al poder. Verás qué risas cuando empiecen a responderle.

Así que, tratemos de poner un poco de orden en esto, y exijamos una mínima talla intelectual. Sabemos que a menudo las ciencias sociales tienen una menor consideración que las ciencias experimentales y exactas, pero, por favor, no caigamos en el reduccionismo. Los sociólogos, antropólogos, politólogos e historiadores explicamos las causas de determinados acontecimientos y actitudes como un médico explica las causas de una enfermedad. ¿O acaso a alguien se le ocurriría acusar a un médico de justificar el cáncer cuando explica cómo se ha producido?


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